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dimarts, 26 de febrer del 2013

Raúl Castro, el general-presidente que aspira a reformar el comunismo cubano

El presidente cubano, Raúl Castro, reelegido el domingo para un "último" mandato de cinco años, fue el responsable de la seguridad y las Fuerzas Armadas bajo el régimen de su hermano Fidel, a quien sucedió en 2006 con la determinación de reformar el comunismo en la isla para que perdure.

"Éste será mi último mandato", reiteró el domingo Raúl, tras ser reelegido y poner en marcha un proceso de recambio generacional con la designación de Miguel Díaz-Canel, de 52 años, como número dos del Estado.

Sin el carisma de Fidel y con dotes de organizador, Raúl Castro asumió formalmente como presidente en febrero de 2008 y como primer secretario del Partido Comunista (único) en abril de 2011, mostrando en la cúspide del poder un pragmatismo que contrasta con la imagen de hombre duro e implacable que tuvieron muchos cubanos de él durante décadas.

El hombre que implementó en los años 1960 los campos de trabajo para homosexuales y otros, mal vistos por el gobierno, que encabezó el cierre de una revista de intelectuales en 1971 y que acusó a académicos de "quintacolumnistas" en 1996, ahora dialoga con los obispos católicos, ha relajado la represión a los opositores, ha abierto espacio a la iniciativa privada en la economía y ha acabado con diversas prohibiciones que pesaban sobre los cubanos.

El general-presidente, que cumple 82 años el 3 de junio, aspira a reformar el agotado modelo económico de corte soviético vigente durante medio siglo, pero preservando los puntales del sistema: una mayoritaria propiedad estatal o cooperativa y un partido único, así como educación, salud y cultura gratuitas.

Las reformas económicas crearán "una sociedad menos igualitaria, pero más justa", sostuvo el domingo.

Con voz firme y autoritaria, que según sus allegados contrasta con su carácter alegre y afable en la intimidad, emprendió también una batalla contra la corrupción, que ha llevado a la cárcel a decenas de funcionarios, incluidos exministros.

Suele combinar el uniforme militar con la guayabera y el traje sastre, y hace dos días dio una muestra de su sentido del humor diciendo que iba a renunciar.

Hombre de pocas palabras, discursos leídos y enemigo de la improvisación, ha permanecido impasible ante las críticas de la disidencia y del exilio por la lentitud y poca profundidad de las reformas y de las presiones de sectores que le exigen mayor velocidad en los cambios.

En mayo de 2010, entabló un inédito diálogo con la Iglesia Católica, que desembocó en la excarcelación de unos 130 presos políticos, lo que ensanchó el espacio pastoral en la isla. Esto sentó las bases para la visita del papa Benedicto XVI en marzo de 2012, un apoyo del Vaticano a esa aproximación.

En enero, acabó con medio siglo de restricciones de los cubanos para viajar al exterior y, dos semanas después, asumió en Chile la presidencia rotativa de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), un espaldarazo de la región frente a los esfuerzos de Estados Unidos por aislar la isla.

En 2011, autorizó las compraventas de casas y coches, prohibidas durante medio siglo, y otorgó créditos a negocios privados como parte de una bateria de reformas económicas que han abierto mayor espacio a la iniciativa privada y al empleo por "cuenta propia" y reducido el paternalismo estatal.

Como ministro de las Fuerzas Armadas desde el triunfo de la revolución en 1959 hasta 2008, ocupó un puesto clave en tiempos en que La Habana apoyaba a guerrillas en otros países y participaba en campañas militares en África (Etiopía 1977-1978 y Angola 1975-1991).

Tras asumir la presidencia, estableció un gobierno muy concurrido por generales y coroneles, al estilo de una cadena de mando militar, alejado de todo personalismo.

En junio de 2007, mientras trataba de ordenar el gobierno y su hermano Fidel estaba grave, su esposa, Vilma Espín, su compañera desde los tiempos de la guerrilla, murió tras una larga agonía.

Vilma, que falleció a los 77 años, fue la verdadera primera dama del régimen, dado el bajo perfil de la mujer de Fidel, Dalia Soto del Valle. Los cubanos, que desconocían detalles sobre la vida privada de Fidel, se sorprendieron al escuchar al nuevo presidente hablar sobre conversaciones con sus nietos.

Perplejos, también se enteraron de que el atlético escolta que no le perdía la pisada era uno de los ocho nietos de Raúl y que uno de sus cuatro hijos era la sexóloga Mariela Castro, que le declaró la guerra a la homofobia en Cuba con el apoyo de su padre y que fue elegida diputada del nuevo Parlamento.

Raúl tiene otras dos hijas, Débora y Nilsa, y su hijo Alejandro, coronel del ministerio del Interior, es su mano derecha.

Hijo del agricultor gallego Ángel Castro y la campesina Lina Ruz, Raúl es el cuarto de siete hermanos y vivió hasta 2006 a la zaga de Fidel.

Por iniciativa suya, el Partido Comunista aprobó en 2012 limitar a 10 años el tiempo para ocupar un cargo de poder, con lo que él mismo se fijó un límite para ocupar la presidencia, que se cumple el 24 de febrero de 2018.


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